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PICTOGRAMAS MUISCAS

(Patrimonio histórico de la huella prehispánica)

Dentro de las instalaciones de Rocas de Zunubá encontrará un enorme patrimonio cultural con arte rupestre muisca. Una vez entre en la finca, se hallará en un territorio que fue escogido minuciosamente por el pueblo muisca para convertirlo en territorio sagrado y depositario de su patrimonio cultural. En las rocas de este lugar, 7 en total dentro del condominio de Rocas de Zunubá, usted puede encontrar arte rupestre de La Sabana de la época precolombina, pictogramas de gran valor testimonial e histórico, hechos por los propios indios. Esta tierra, según la leyenda, alberga todavía los espíritus de los caciques entre la vegetación preservando la energía y la magia del lugar. Es la misma energía mágica que envuelve a nuestros visitantes. Disfrute de este lugar y trátelo con el respeto y solemnidad que merecen los primeros habitantes de estas tierras.

En las cercanías del resort, el visitante tiene la oportunidad de adentrarse también en el mundo muisca en la localidad de Sutatausa, que acoge uno de los conjuntos doctrineros mejor conservador de la época de la colonia, con pinturas murales dentro de su iglesia e incluso la sala de tortura por las que los indios debían pasar en aquel proceso de conversion a la religion católica que tan lamentable huella dejó para la historia de la humanidad.

El Camino Real que conduce a lo alto de los farallones de Palacio-Sutatausa, con el valle de los Pictogramas en una de sus vertientes, es otro de los atractivos culturales al alcance del huésped de Rocas de Zunubá. El mencionado camino por cierto, además de su interés histórico por la leyenda del colectivo suicidio muisca documentado en las crónicas, también es un escenario ideal para una apasionante jornada de senderismo con impresionantes vistas al valle de Ubaté.

El ojo de la leyenda de Zunubá

En la época prehispánica, cuando los muiscas habitaban estas tierras, un cacique se enamoró perdidamente de Zunubá, la india más linda jamás vista, y la tomó para él como esposa. Zunubá no le sería fiel y acabaría entregando su amor y su corazón al indio Tintoa, el guerrero que el cacique dispuso para su custodia mientras él se ausentaba por motivos de guerra.

Entregados a su amor e incapaces de renunciar al mismo, Zunubá y Tintoa decidieron fugarse para evitar las represalias del cacique ante el escándalo que había surgido en la comunidad por causa del adulterio. Cuando regresó y tuvo conocimiento de los hechos, el cacique enfureció. Ordenó a los chamanes localizer a los fugitivos para darles castigo.

Los chamanes recurrieron al ojo místico que todo lo veía, el ojo del dios Chaquén, justiciero por demás, especialmente con estas traiciones amorosas. Así fue como dieron con su paradero. El ojo los ubicó en este territorio. Como castigo, el cacique ordenó que los convirtieran en junco y carrizo, dos plantas que por sus características no pueden estar nunca juntas, y de ese modo lograría que no se volvieran a reencontrar jamás. Así, Zunubá quedó convertida en fijiza, un junco que crece junto a los humedales; y Tintoa se transformó en sune, condenado a la tierra seca hasta la eternidad.

Cuenta la leyenda que los llantos de la bella muisca aún retumban hoy en día en los lagos y las rocas de este lugar, las Rocas de Zunubá. Los muiscas dejaron dibujados para la posteridad los pictogramas de ese ojo místico de poderes sobrenaturales en una de las rocas que se encuentra de camino al eco spa y que además tiene la peculiaridad de aunar talla y pintura, algo no muy común, pues los muiscas no eran dados a tallar.

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